viernes, 3 de junio de 2011

Las doulas gallegas se alían


Las acompañantes de las embarazadas consensúan un código ético

SILVIA R. PONTEVEDRA El País - Santiago - 31/05/2011
Hace poco una doula gallega recibió la llamada de un futuro padre. El hombre estaba muy ilusionado con la gestación de su esposa y quería darle una prueba definitiva de su amor: "Quiero regalarle una doula a mi mujer por el embarazo", le anunció, precisamente a la doula, sin pensárselo dos veces. Ella, por un momento, se sintió como una canastilla de bebé envuelta en celofán, pero las doulas gallegas no se molestan por estas cosas, están acostumbradas a que poca gente sepa lo que son.
Las últimas cinco semanas no se alejan más de 20 kilómetros
Contar con este apoyo durante toda la gestación puede costar 800 euros
Hace siete años no existían; hace seis, había dos y ahora ya rondan las 20, todas ellas mujeres, que hombres que se dediquen a esto no hay más que uno en toda España. Su número aumenta y, a la par, poco a poco, también la demanda de sus servicios, que no son otra cosa que el acompañamiento a mujeres durante el embarazo, el parto, el postparto, la crianza y también el duelo, en el caso de aborto o de muerte del recién nacido. Hay, en Galicia, alguna doula, como Beatriz Fernández, de A Coruña, especializada precisamente en ayudar a mujeres que perdieron a su hijo. Ella encontró la vocación después de quedarse sin sus gemelos.
"El 25% de las mujeres abortan alguna vez, y el 5% de las familias sufren tres o más abortos", explica. "La sociedad tiende a invisibilizar el duelo por estos bebés, y muchas mujeres intentan negar que lo sufren", siguiendo la inercia general. "La gente las consuela con un 'ya tendrás otro', pero es que ellas no querían otro. Querían ese bebé, para el que tenían ya formadas unas expectativas", continúa. "Para las familias es un drama. Lo que se hace aquí con estos papás es muy cruel. La sanidad pública no cubre el apoyo psicológico si el aborto espontáneo se produce dentro de las semanas en las que la ley permite la interrupción voluntaria", y aún en estadios muy avanzados de la gestación, el feto es considerado un desecho quirúrgico y como tal se elimina.
"Una pareja puede pedir por vía judicial, de forma urgente, que se lo entreguen, pero en esos momentos nadie tiene fuerzas para pelearse. Es algo impensable en Holanda y EE UU". Allí están en el extremo opuesto. A los bebés que nacen muertos y a los que no llegan al final del proceso, "se les recogen las huellas dactilares, se les preparan recordatorios y hasta álbumes con sus fotos".
Hasta ahora, quien quería los servicios de una doula (palabra que viene del griego y es casi igual en todos los idiomas pero que no existe para la RAE) tenía que buscarse la vida sumergiéndose en internet. Pero este mes la Asociación Galega de Doulas se ha presentado en sociedad con un blog (asociaciongalegadedoulas.blogspot.com) y un foro (agalegadedoulas.foroactivo.com) en el que esperan que empiecen a participar las madres gallegas y los profesionales de la sanidad. De momento, al colectivo ya se han sumado nueve mujeres, que han aprobado un código ético según el cual, por ejemplo, se comprometen a no acompañar ningún parto en el que no esté presente personal sanitario cualificado.
Ahora, una embarazada que desee el apoyo de estas mujeres (que no son ni pretenden suplantar a los psicólogos) durante alguna de las fases de la maternidad o durante todas ellas puede elegir la más cercana, por domicilio, de las del listado. Se citará con ella, y si las personalidades "no encajan", como explica Fernández, vicepresidenta del colectivo, podrá probar con otra distinta, aunque viva a muchos kilómetros de distancia. Hay doulas que tienen otro trabajo y no piden un honorario, mientras que otras intentan hacer de esto su forma de vida. Entonces cobran un mínimo de 800 euros por un acompañamiento completo que dura más de un año, desde el embarazo (a veces desde antes) hasta después del alumbramiento.
Las citas con las doulas suelen ser mensuales al principio y, según avanza la gestación, más frecuentes, pero el contacto es constante a través de internet y por teléfono. Muchas, además, ofrecen libre disposición: nunca apagan el móvil, atienden llamadas a cualquier hora, y en las últimas cinco semanas del embarazo permanecen de guardia, sin alejarse más de 20 kilómetros del lugar de residencia de la gestante y listas para abandonarlo todo y estar presentes en el parto. Si éste tiene lugar en un hospital público, como en el paritorio solo puede entrar un acompañante, muchas veces se turnan con el padre de la criatura.
La Asociación Galega de Doulas busca en adelante homogeneizar la formación en este oficio. En la sede del colectivo Ser Doulas de A Coruña, fundado por Nuria Otero y Beatriz Fernández, se organizan cursos por segundo año consecutivo. Esta temporada, como la pasada, saldrán preparadas para trabajar cinco alumnas. Seguramente tendrán quehacer, porque la figura todavía se está dando a conocer y cada una de las doulas en activo ya atiende anualmente a unas diez mujeres en Galicia.


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