miércoles, 15 de junio de 2011

Caso Habiba: habla una trabajadora social


Me llamo María Suárez. Soy trabajadora social desde el año 1991, en Servicios sociales durante más de 10 años. Actualmente me encuentro en casa, ocupándome de la crianza de mi hijo de tres años desde su nacimiento. Escribo esta carta desde el lugar donde elijo estar, como profesional y madre.
Estoy profundamente preocupada por la situación que se ha descrito del caso de la mujer llamada Habiba, y su bebé de 15 meses, actualmente separadas por una retirada de tutela desde el IMMF. Tal y como he leído en diversos medios de comunicación
 la situación es tremendamente angustiosa. Parece ser que esta mujer joven y su hija estaban acogidas en un centro debido a las circunstancias sociales y económicas  desfavorables para poder vivir independientemente.  Y en un momento determinado todo acaba el 30 de Mayo cuando tras un informe del centro donde residía, el IMMF asume la tutela de la menor privándole a la madre de la misma y de alojamiento en el centro. Además, según escucho a su abogado (http://www.eitb.com/audios/detalle/675501/retiran-tutela-madre-amamantar-su-/) en la radio la retirada de tutela se hace de forma engañosa y en ningún caso teniendo que ver con la atención que recibe la menor por parte de la madre, sino por otras circunstancias que se intuyen como situación social y económica desfavorecida así como algo que tiene que ver con el comportamiento de la madre de la niña en el centro donde han estado viviendo hasta el momento.
 Esta madre actualmente se encuentra acogida por la Fundación Raíces  y atendida por la Psiquiatra Ibone Olza (http://www.iboneolza.com/) profesional fuera de toda duda en cuanto a su conocimiento amplio de la materia, quien ha declarado que esta madre carece de psicopatía o abuso de drogas, y que es perfectamente capaz de atender a su hija. La menor está institucionalizada en un centro de acogida de la Comunidad de Madrid, en estos 10 días ayer madre e hija tuvieron una única y primera visita de una hora de duración. Hay que apuntar que la madre e hija antes de su separación no lo habían hecho nunca más de 6 horas seguidas, y que ha sido amamantada a demanda hasta el momento. Lo que nos dice que, a pesar de todas las dificultades en las que se ha podido ver inmersa esta madre, ha luchado por mantener el vínculo con su hija y una lactancia exitosa. Hasta el momento en que las separan.
La situación actual es que los mecanismos legales se están moviendo, se esperan medidas cautelares de la Fiscalía quien ha entrevistado ya a la madre y a la psiquiatra, en vías a restablecer la convivencia. Los movimientos sociales también están muy activos y para esta tarde de hoy 9 de junio hay convocada una manifestación frente a la sede del IMMF en C/Gran Vía 14 de Madrid para reivindicar la supresión de la medida.
Como madre, y como profesional me planteo: ¿qué ha fallado aquí? Desconozco el informe de propuesta de retirada de tutela, desconozco el trabajo social previo que se haya tratado de realizar en esta familia. Pero conozco un poco las instituciones. Y sinceramente, me asombra y no me extraña al mismo tiempo. Estamos asistiendo a un ejemplo más de la degradación de los sistemas de protección por intereses del mercado. Así como suena. Así de fuerte.
Si una madre y su hija se encuentran en un centro de acogida, podemos suponer que es porque carecen de recursos propios para vivir de forma independiente. Recursos sociales en cuanto a falta de apoyo de familia extensa, recursos económicos, laborales, de vivienda…, aquello que hace que una mujer sola con un hijo pueda desenvolverse con autonomía en la vida. Para eso están los sistemas de protección, para garantizar que ese riesgo no acabe en desamparo. Y para ello supongo que estaría esta familia en un centro.
Estos centros suelen ser concertados, con organizaciones religiosas o no gubernamentales. Con sus propias características e ideologías, con sus limitaciones económicas y de personal, con los recursos que en lo social siempre son limitados. Además en estos centros el tiempo de permanencia es limitado. Durante la estancia allí se han de conseguir unos objetivos marcados en un programa de “integración” propuesto por un profesional, o varios, y consensuado con la familia. Supongo, como suele ser común, que estos objetivos pasan por mejorar sus condiciones de acceso al mercado de trabajo como vía de lograr una autonomía. Para ello se suele trabajar en restablecer redes sociales, formación, mejora del currículum, acceso a la legalidad en el caso de ser inmigrante, habilidades sociales, entre otras.
En estos centros la convivencia entre otras familias es estrecha y en ocasiones difícil, debido principalmente a dos motivos: uno, las diferencias culturales de cada cual que han de convivir codo con codo con otras realidades y formas de crianza; y el segundo motivo, porque generalmente, cuando llegas a un centro de acogida llevas una mochila personal muy cargada en lo emocional, y eso puede generar puntos de fricción y crisis tanto personales como interpersonales. También en estos centros funciona la ayuda mutua. Y también la dinámica perversa de grupos y alianzas.
Además  estamos inmersos en esta sociedad. Y  en este contexto de precariedad laboral y explotación llevar una la crianza respetuosa con los ritmos y necesidades de los niños sin contar con una red de apoyo, se vuelve un obstáculo cuando no es imposible para una madre sola, obstáculo al objetivo de procurarse sustento, techo y cobijo por sí misma. Podríamos pensar ingenuamente que esta madre y su hija tienen suerte, ya que el propio centro en el que está funcionaría de apoyo a esta crianza respetuosa, encontrando allí el soporte necesario para que pueda continuar con la mejor vinculación afectiva con su hija, al mismo tiempo que le facilita la incorporación social necesaria para crecer como ser autónomo. Repito: lo podríamos pensar ingenuamente. La realidad suele ser otra: se está priorizando el objetivo económico sobre el objetivo vincular y relacional haciéndolos injustamente incompatibles y olvidándose de las necesidades vitales de los menores. Por lo que, posiblemente facilitaría mucho las cosas, desde un punto de vista exclusivamente económico, si madre e hija no estuviesen muy apegadas y no fuera un problema para ambas separarse largas horas al día, con lo que el prejuicio y el desconocimiento del hecho de la lactancia entra en acción. Esta es la sociedad que, lamentablemente, estamos construyendo. Y podemos cambiar. Aunque seamos seres económicos, somos también seres sociales y somos humanos.
Cuando trabajaba en Servicios sociales, y teníamos que hacer un informe para la retirada de tutela de un menor era uno de los trabajos más duros a los que nos enfrentábamos. Supone resumir un trabajo previo con la familia, y concretar el porqué en este momento los padres no están protegiendo a sus hijos porque les están dañando, y de ese daño no se les puede evitar sin separarse. Generalmente se llega a este punto porque, a pesar de los múltiples intentos  la familia no ha colaborado en cambiar pautas muy disfuncionales que dañan física o emocionalmente a los niños, porque no pueden o no quieren cambiarlas. O porque existe un maltrato demostrado o una grave negligencia que los pone en situación de desamparo. Recuerdo casos de personas con toxicomanías, con problemas de prostitución y abandono de los niños, de malos tratos físicos, abusos sexuales, y problemas psiquiátricos graves con negación a tratamiento. También otros casos en los que los padres que sin patologías aparentes no ejercían las funciones básicas y abandonaron a sus hijos.
Dar el pecho a demanda no es motivo de retirada de tutela, independientemente de la frecuencia o edad del niño. Tener ideas propias sobre alimentación, sueño, vestido, aseo o  cualquier otra circunstancia relativa a la crianza y educación de los niños no es motivo para realizar una retirada de tutela, aun cuando sean desconcertantes o poco usuales para los profesionales;  siempre y cuando no sean causantes de un problema de salud física o mental real, no basado en prejuicios.  Y aún así los padres tienen todo el derecho a pedir una segunda o tercera opinión ya que los profesionales pueden equivocarse. Todo aquello que socialmente puede causar algún daño en el niño y su entorno  debido a pautas de crianza debe de trabajarse con la familia. No tiene sentido obligar o presionar.  Es ilegal y poco ético.
No, estamos ante un caso equivocado. No se trata de un riesgo de la menor. Se trata del riesgo de ser mujer y madre en esta sociedad. A cualquiera nos puede pasar: mañana me veo, por circunstancias de la vida obligada a vivir en un centro de acogida con mi hijo. Y a partir de ese momento nuestros derechos pueden verse lesionados: derecho de mi hijo a alimentarse de mi pecho a demanda, a relacionarse y vincularse a través de mi cuerpo con migo, derecho a permanecer a mi lado. Y mi propio derecho a decidir y a opinar sobre qué me parece lo propuesto para mí y mi hija, y a defender lo que quiero hacer con mi vida.
Es un caso equivocado porque algunos profesionales de lo social se consideran con poder. Les han atribuido funciones que no les son propias. El sistema es injusto. Pero como no lo pueden cambiar, ni siquiera intentan cambios en la propia institución para la que trabajan, entonces, optan por perpetuar la violencia contra la mujer y el niño, por el bien económico común. Hacen palanca en la parte más débil para sostener el sistema. Y el IMMF sale diciendo que si la lactancia es caótica y dañina para los niños, que si la mujer tenía problemas de convivencia, que si no se atenía al programa de integración dictado para ella, que si tal y que si cual, sin poder argumentar nada del trato a la menor, que a fin y al cabo debiera ser el que ha motivado la retirada de tutela.
Y digo que se trata de un caso equivocado porque ahí se han equivocado. Esta mujer no es débil es una luchadora, y no está sola. Hay ya más de 3.000 simpatizantes de su causa en el patio de internet.  Tiene a su lado profesionales comprometidos, fuera de protocolos y perfiles adecuados, que tratan de apoyar en esta locura, y la valoran por lo que es capaz de luchar. Y cada vez somos más mujeres y hombres conscientes de que la crianza respetuosa es lo que nos asegurará el futuro de esta sociedad, no el modelo económico, no el modelo actual de servicios sociales.
Alcalá de henares, 09 jun. 11.

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